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sábado, 19 de noviembre de 2011

Los profesores #inprendedores se suman al #motordelcambio

No es una novedad que la mayoría de nuestros alumnos se aburren en clase, están desmotivados, han perdido interés, sufren las consecuencias un sistema educativo obsoleto.
¿Cómo devolvemos la ilusión y las ganas de aprender? ¿cómo potenciamos la creatividad de nuestro alumnado? ¿qué debemos enseñar? ¿cómo debemos hacerlo? Ken Robinson - @SirKenRobinson  nos da una serie de pistas acerca del cambio de paradigmas en la Educación.



La escuela no puede quedarse al margen de un mundo global y conectado. En estos momentos de cambio las nuevas tecnologías juegan un papel esencial, son herramientas muy motivadoras, facilitan el acceso a la información, rompen los muros del aula, permiten desarrollar proyectos colaborativos y conectan nuestros centros. Los docentes tenemos la oportunidad de actuar, de abrir las aulas, de cambiar nuestra metodología para mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje, de trabajar por proyectos, de innovar, de rediseñar los métodos de evaluación. Hay muchos profesores que son #motordelcambio, están hackeando el sistema educativo desde abajo. Tíscar Lara - @tiscar, en el capítulo 14 del libro INprendedores, describe las características de los docentes que están INprendiendo en el mundo educativo.

César Poyatos

miércoles, 16 de noviembre de 2011

El #liderazgoeducativo que arranca el motor del cambio

Las noticias se suceden en periódicos y telediarios agolpando los titulares en nuestra mente. La Navidad está cerca, el frío congestiona las calles y una mañana de invierno al calor de la lectura en la cafetería, en el despacho o en su sofá preferido, entre crisis, eurozona y loterías, encuentra el siguiente breve apocopado por los Managements, Marketings, pulls y tractores: “Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Mucho frío. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito”. Le concedo una pausa de 30 segundos para formular una respuesta antes de continuar la lectura: ¿está interesado? Un simple “sí” o “no” son suficientes. Piénselo bien porque de este breve pero impactante anuncio han nacido las principales teorías modernas del liderazgo como motor de cambio.

Larga es la huella investigadora sobre liderazgo, gestión de personas y crecimiento institucional y mucho más largo el sendero editorial que inunda de publicaciones las librerías y quioscos virtuales y reales del siglo XXI. Sin embargo, si quisiéramos buscar una fecha de bautismo a los estudios modernos del liderazgo, la partida de nacimiento está clara, el 8 de agosto de 1914.

En los albores del comienzo de un nuevo siglo, 28 hombres dijeron que sí al anuncio que abre este artículo y que había publicado Ernest Shackleton meses antes. Shackleton fue un explorador irlandés que lideró como nadie a un grupo de aventureros y temerarios buscavidas hacia el Polo Sur. Juntos iniciaron una interminable caminata de más de 3.000 kilómetros con el objetivo de cartografiar el mayor terreno de extensión conocido en la historia hasta el momento. A principios de siglo, cuando los medios técnicos eran muy rudimentarios y el increíble ojo de GoogleMaps no era digno de concebirse por la mente humana, este grupo de exploradores se embarcó en el velero “Resistencia” desde Inglaterra, con la esperanza de “honor y reconocimiento en caso de éxito”. Cuestiones narrativas y logísticas aparte, la clave que hizo de la hazaña de Shackleton uno de los primeros casos de estudio universales en cuanto a liderazgo se trata, fue la labor de uno de los tripulantes que documentó con fotografías y en varios diarios muy detallados, las increíbles cualidades y estrategias de liderazgo de un hombre que lideró la cruzada del último de los rincones inhabitados sobre la Tierra.

Un mismo verbo vestido con distintos sustantivos

Muchas han sido las interpretaciones teóricas de la odisea Shackleton, los principales estudiosos resaltaron su habilidad para mantener la motivación constante de todos los miembros de su equipo, la increíble agudeza para conocer a fondo hasta el más mínimo detalle de las cualidades de sus compañeros y la astucia con la que era capaz de obtener lo mejor de cada persona, poniéndolo al servicio de un objetivo común al tiempo que impulsaba el crecimiento individual. La sintonía emocional de Shackelton con sus colaboradores en condiciones muy adversas, junto a la habilidad de lograr aunar las metas personales, vitales y profesionales con un proyecto grupal más grande que el conjunto de sus miembros, han sembrado hojas de elogios y recetas de liderazgo. Sin embargo, aunque mucha de la esencia del concepto se mantiene latente en la experiencia de esta primera proeza humana, muchos otros detalles han venido a sumarse para enseñarnos a liderar en el siglo XXI.

Liderar es una palabra policromática. Un ancho espectro de modelos que son sencillos en el papel pero complicados en la acción. Liderar es seducir pero guiar, asombrar pero asesorar, asombrar y acompañar, compartir pero dirigir, guiar y mandar, delegar pero evaluar, soñar para convencer, sensibilizar y alumbrar. En la experiencia de toda institución educativa hemos aprendido que cualquier propuesta no liderada es una propuesta estéril. Sin embargo, lo que creíamos que era ser líder en años pasados, parece no funcionar en el presente. Alumbramos retazos de la experienca de Schackleton al mismo tiempo que Lady Gaga o Ferrán Adriá movilizan y lideran a miles de personas desde mundos tan alejados del organizacional como el de la música y los fuegos de un restaurante. Ella es líder dadaísta, él es líder gastronómico; ambos guían mente, sabor y corazón y son capaces, una de convocar a cientos de jóvenes a bailar sus canciones de forma espontánea y natural en un torbellino de participación, el otro a hacernos esperar años para poder tener mesa en su restaurante. ¿Cuál es el #liderazgoeducativo que queremos? y ¿qué podemos aprender de la esencia romántica de años de historia y teorías en conjunción a la irreverencia 2.0 del presente? Creo que es el momento de hablar de motores, no de motores de cambio, sino de motores a secas.

El cambio que vino del líder

En 1886, mientras Shackelton se graduaba en cartografía y uso del compás, los alemanes Daimler y Benz, en la región de Stuttgart, crearon el primer coche de la historia. Este prototipo contaba con tan solo tres ruedas y una única marcha, alcanzaba una velocidad máxima de 17 km/h y tenía una potencia de 0,9 caballos, una fiera de los pedregales a principios de siglo. Además, su motor funcionaba con gasolina, pero en aquella época se vendía únicamente en farmacias. Viendo el potencial de aquella veloz belleza, el austriaco Emil Jellinek ofreció un jugoso contrato de exportación del producto para Hungría y Austria permitiéndose una pequeña diligencia, quiso nombrar a aquel primerizo automóvil Mercedes, un guiño a su hija. Más de 125 años después y miles de acciones, compras, ventas y crecimiento, Mercedes Benz sigue liderando el mercado automovilístico y nunca mejor dicho, es motor del cambio.

A mediados del siglo XX, los Mercedes Benz eran los mejores coches del mercado. Su diseño estaba basado en cuatro principios que hacían del automóvil un artículo de selección: el motor rugiendo, sinónimo de potencia; el interior de cuero, sinónimo de lujo y confort; las cinco puertas, sinónimo de espacio y poder, y los símbolos de marca y acabados en ruedas e insignias sobre el capó, sinónimos de distinción. Era el coche león: agresivo, potente, de rápida aceleración y feroz. A principios del siglo XXI, Mercedes Benz sigue liderando el mercado del automóvil, sin embargo, todo lo que consideraba que debía ser el motor del cambio se ha transformado. Hace unas semanas se presentó el Mercedes Benz A-qualizer: el motor silencioso, sinónimo de ecología y ahorro; el interior con una tableta como pantalla de mandos y enlace directo a tu “smartphone”, sinónimo de comunicación y conexión; tres puertas y compacto, sinónimo de comodidad y entereza, y los símbolos de marca y acabados finos y afilados pero no distinguidos, sinónimos de elegancia y naturalidad combinadas. Se trata del coche águila: silencioso, planeador, comunicado en la altura que le proporciona una visión global del mundo gracias a la conexión de la tableta y natural, de porte digno pero sencillo, que no simple.

La experiencia de transformación del sector automovilístico no es única, los principales sectores y productores de riqueza han cambiado y los países que no sepan como transformarlos seguirán en la espiral de la crisis. La muerte de Stevie Jobs lo catapultó a la metáfora del revolucionario Henry Ford del siglo XXI. Se transforma la industria del cine, de la música, el concepto mismo de cultura, se transforman las bibliotecas y los sistemas de salud, las funciones y servicios de los carteros y las escuelas, también nuestras escuelas.

El secreto de Mercedes Benz ha sido saber liderar siendo motores del cambio, han reformulado por completo el concepto de automóvil y no han temblado en decirle al mundo que el mejor coche hoy, es un coche muy diferente al coche del siglo pasado, no han cambiado los verbos: seducir, asombrar, guiar, liderar... han cambiado los sustantivos: seducir no por la insignia, sino por la líneas afiladas; asombrar no por el rugido, sino por el motor silencioso y económico con pretensiones de ecologista. El #liderazgoeducativo de nuestras escuelas bebe de los mismos principios, el modelo y el concepto propio que definen, lo que se entiende que ocurre y configura la escuela, se ha transformado y solo sabiendo liderar como motores del cambio, seguiremos siendo escuelas católicas, con los mismos verbos conjugados en clave de pastoral, de solidaridad, de innovación, de guía, de valores, de acompañamiento, pero sabiendo cambiar los sustantivos.

¿Cómo son las llaves del #liderazgoeducativo, motor del cambio?

#liderazgoenpastoral: nuestras escuelas son escuelas en la medida en que son escuelas católicas, somos las mejores escuelas como herramienta del Evangelio y no se entiende ser escuela católica sin ofrecer una cosmovisión distinta del proyecto vital de cada alumno. Por eso queremos ser líderes, porque existe un mensaje único que revelar.

#liderazgopropio: todas y cada una de nuestras escuelas han surgido de un carisma propio que les da sentido y es esencia de su existencia. Cada fundador creó una escuela como herramienta de innovación para ofrecer una respuesta a una necesidad latente en el momento de su aparición. Revisionar nuestro carisma en el siglo XXI es el primer motor del cambio.

#liderazgotransformador: la escuela es la primera institución que recibe al ser humano y junto a la familia, son los agentes principales de socialización. Pero nuestras escuelas son, sobre todo, escuelas transformadoras de la realidad, leemos el contexto educando a las futuras generaciones con la esperanza de escribir un presente distinto y un futuro más justo.

#liderazgoinclusivo: en línea con la transformación y nuestro carácter propio la escuela católica es una escuela universal con un sitio para todos pero sobre todo, para aquellos que más lo necesitan ya que acoger y educar a quien se le cierran otras muchas puertas es lo que distingue la principal innovación y sentido de nuestro liderazgo.

#liderazgoparticipativo: solo la participación garantiza la comprensión del proyecto educativo. Liderar hoy implica hacer partícipes a nuestros claustros y comunidades educativas del proyecto de nuestro carisma en el siglo XXI. Las principales herramientas para seguir este camino no son la reflexión, la lectura y la lección magistral, son la emoción, la acción, el diálogo y la participación dinámica que genera pertenencia activa en el proyecto. Hoy el #liderazgoeducativo es, sobretodo, un #liderazgoemocional.

#liderazgocompartido: ninguna institución es mejor que la suma de sus equipos. Un proyecto educativo es tan eficaz como el equipo que lo implementa. Liderar es guiar y delegar responsabilidades ya que solo aquellos profesores implicados en una tarea estarán construyendo su experiencia vital de pertenencia al proyecto. Conjugar la autonomía junto a la participación coordinada son las bases de un centro más inteligente que la suma de los equipos que lo componen.

#liderazgo2.0: en el paradigma de la sociedad de la información, institucionalmente, solo la comunicación garantiza la existencia. Me comunico, luego existo. Las escuelas son entidades abiertas al mundo, conectadas a las redes sociales y asentadas en una cultura de la colaboración ya que el conocimiento solo crece en la medida en que se comparte tanto en el propio centro como en la conexión con el resto del mundo. Somos centros “glocales”.

#liderazgopedagógico: sólo la innovación pedagógica será sinónimo de calidad educativa, la estandarización de los procesos que se ejecutan de forma automática y eficaz debe dejarnos espacios cognitivos para la creatividad. El futuro de la escuela católica pasa por ser la mejor escuela, una escuela innovadora y creativa en sus métodos pedagógicos que existe para hacer en el presente lo que nadie se ha atrevido a poner en práctica hasta el momento. Hoy el #liderazgoeducativo es, sobretodo, un #liderazgodocente.

“Se buscan hombres y mujeres para un viaje emocionante. Sueldo bajo. Mucho niño. No se asegura retorno con vida. Con o sin éxito, su proyecto vital de ilusión y crecimiento transcendente están garantizados”. Le concedo una pausa de 30 segundos para formular una respuesta antes de continuar la lectura: ¿está interesado? Un simple “sí” o “no” son suficientes. Piénselo bien porque de este breve pero impactante anuncio, nacerán las principales teorías modernas del #liderazgoeducativo como motor del cambio en el siglo XXI.

@alfredohernando

jueves, 10 de noviembre de 2011

Tablas de surf y tablets en la escuela del futuro

A propósito de Mark Prensky
Juan Antonio Ojeda inauguró el congreso Educared con una frase visionaria y programática: “Debemos pasar de la escuela búnker, encerrada en sus cuatro paredes, a la escuela en red, globalizada, interconectada y abierta al mundo”.
Estamos en un momento precioso en la historia de la educación, que algunos lo llevan con demasiado sufrimiento. De esto nos hablará Mark Prensky en el  congreso EC de “Aprendizaje global e impacto de  las nuevas tecnologías”.
El aula del netbook, del cañón, de la pizarra digital, de las intranets es el modelo de aula tecnológica del presente, aunque su implantación no haya alcanzado aún ni siquiera al 20% de nuestras aulas. Con Prensky nos pararemos a pensar si este es el modelo de aula del futuro. No porque vayamos a hablar de tecnología, sino porque vamos a hablar de cuáles son los fines de la educación y esto nos llevará a replantearnos los medios.
Estos días aparecía la noticia de que un instituto en Santander estaba ofreciendo clases de surf como asignatura optativa. Todos los miércoles tenían dos horas semanales de surf práctico, del que se hace con traje de neopreno y en la playa. Sin querer, estaban trabajando la mitad de las competencias LOE: aprender a aprender, autonomía e iniciativa personal, social, lingüística, etc.
Esto me recordó las palabras de Prensky cuando dice que los mejores profesionales de la actualidad pertenecen a la generación del videojuego, a la generación “nintendo”o  “playstation”. Una generación que ha entrenado sus destrezas de atención múltiple, esfuerzo, previsión, volver a empezar y toma de decisiones.
Son demasiadas las barreras tecnológicas, arquitectónicas y psíquicas que impiden que el alumno pueda hacer un aprendizaje global. Necesitamos una tecnología que permita la conexión personalizada con cada alumno, una alta customización de contenidos y horarios según las preferencias de cada alumno, una movilidad e interacción entre alumnos, dentro y fuera del aula, un enfoque que logre el máximo esfuerzo con grandes ingredientes lúdicos, una educación que sea significativa porque parte de lo que ya es significativo para el alumno, una escuela cooperativa, una escuela Social Media.
En la escuela del futuro habrá tablets o pantallas virtuales o realidad aumentada o inteligencia artificial. Todo esto ya existe en la realidad. Mañana existirá en la escuela y pasaremos de la tabula rasa a las tablets interconectadas.
José María Bautista
Autor de “Todo ha cambiado con la generación Y”

lunes, 7 de noviembre de 2011

Aprendizaje inteligente, lectura recomendada

Miguel ojeó su agenda, la semana se le antojaba trepidante. Sin duda era un lunes cualquiera, un lunes como todos esos lunes que sus compañeros del equipo de fútbol maldecían. Pero era distinto para Miguel, en su quehacer diario en el centro, no había un lunes malo, ni un martes aburrido, ni un miércoles soporífero, ni un jueves tedioso, ni un viernes pesado. Miguel conocía martes interesantes, miércoles duros, jueves trabajados y viernes inspiradores. Los lunes eran otra cosa, los lunes eran, cuando menos, desafiantes.

En la agenda y bien subrayadas en rojo, se encontraban las tareas que tenían que repartir y adjudicar a cada uno de los miembros del equipo para la planificación del nuevo museo de la ciudad. Con motivo de la adjudicación de unos terrenos dedicados a la edificación pública, el ayuntamiento había organizado un concurso con objeto de convertir la ciudad en un referente del arte contemporáneo actual, relacionándola con la tradición propia de su desarrollo artístico en la historia e incardinándola en la idiosincrasia de su cultura y geografía únicas. El equipo de Miguel competía con otros grupos por ofrecer el mejor programa de exposiciones y el estudio de diferentes líneas de proyecto para la divulgación artística y cultural del museo.

En la convocatoria del proyecto, los encargados les presentaron los planes del edificio, las salas de que disponían, los espacios abiertos, los centros de restauración y otros puntos de venta y comercio. En palabras de los organizadores del concurso se trataba de: “un gran proyecto de divulgación que requería de un profundo análisis de las principales corrientes artísticas del siglo XX, el conocimiento de la historia y evolución laboral, económica y social de la zona y los caminos de encuentro que podían dibujarse entre ambas, materializados en la coordinación de los proyectos y las exposiciones de un espacio arquitectónico único”. En lo referente al análisis artístico e histórico, estos puntos debían de entregarse en un pequeño dossier, al que se acompañaba con un portfolio que ilustrase el desarrollo y la evolución del trabajo y del concepto global para el museo, bien fechados y señalando el reparto de tareas y funciones en el equipo. Además, por otro lado se evaluaba la claridad y creatividad el día de la exposición con una escala que se conocía de antemano.

Miguel y sus compañeros se pusieron manos a la obra en su aula, no disponían de mucho tiempo, a las once tenían la asignatura de Comunicación, después “Reli” y por la tarde Tutoría y Física. Sí, “Reli” y Tutoría y Física y “Mates”... y todas las asignaturas propias de un colegio, porque Miguel no trabaja para ninguna empresa de diseño y comunicación, sino que está estudiando en un colegio, un centro vanguardista que ha entendido qué significa innovar y ser escuela en el siglo XXI.



En el pasado, el Colegio Monserrat fue un colegio como cualquier otro. Fundado en 1926, es un centro educativo concertado de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret. Este libro narra la historia de este peculiar colegio de Barcelona, que se ha convertido en un referente pedagógico en la vanguardia de la educación española. Si quisiéramos acabar de una vez por todas con el fracaso escolar de nuestro sistema educativo, la primera medida eficaz sería que todo claustro de toda escuela en España, leyera y comentara en grupo las vivencias y los métodos que se narran en este material imprescindible.

Es un verdadero regalo que este libro esté impreso y podamos ser partícipes en la lectura de la revolución narrada que ha hecho que un centro educativo, un día como cualquier otro, se convierta en un lugar mágico pero real; donde se aprende construyendo, pero con normalidad; con metodología innovadora, pero que ha dejado de ser nueva por su manejo cotidiano; donde los profesores innovan y crecen, pero no dejan de investigar nuevos caminos; donde la evaluación es muy dura, pero los alumnos la comparten y son el centro del proceso en todo momento; donde la educación del siglo XXI se ha encarnado para mostrarnos que el cambio es posible, pero desde la más sensata y honda humildad.